Samsung llega al Galaxy Unpacked del 25 de febrero de 2026 en San Francisco con un reto incómodo: la familia Galaxy S sigue siendo excelente, pero dejó de ser emocionante. El evento ya está confirmado por la marca y vuelve a girar alrededor de una “nueva fase” donde la IA será “personal y adaptativa”.
El problema no es la calidad del producto. El problema es la pérdida de diferenciación percibida en dos ciclos seguidos: S24 → S25, y ahora el mercado mira al S26 esperando un reset real, no otro ajuste fino.
1) Cuando el flagship se vuelve “predecible”, la marca paga el costo
La familia S llegó a un punto de madurez donde el hardware es tan sólido que el margen de mejora anual es pequeño. Eso, por sí solo, no sería malo. Lo que sí mata el “wow” es que Samsung no ha logrado convertir esas mejoras marginales en una propuesta de valor clara para el usuario que ya tiene un S23/S24.
Con el S24, Samsung empujó fuerte el cambio de narrativa: Galaxy AI como el centro del producto. La propia compañía lo presentó como “una nueva era” de IA móvil, con funciones de edición generativa y herramientas pensadas para tareas diarias.
Ese giro sirvió para renovar la conversación… pero también abrió una trampa: si el ciclo siguiente no trae un salto tangible en cámara, batería, carga o ergonomía, entonces la IA pasa de “innovación” a argumento de marketing.
2) S25: un gran teléfono… y aun así un upgrade difícil de justificar
Aquí es donde se rompe la ruta de actualización. Varios análisis coincidieron en que el S25 Ultra se siente como una evolución mínima del S24 Ultra, con cambios de especificaciones y diseño muy ligeros, y una dependencia fuerte en las funciones de IA para “sentirse nuevo” (Además de la pérdida del Bluetooth en el S-PEN, que era una razón de compra).
Incluso cuando hay mejoras reales (procesador, refinamientos, algún ajuste de cámara), el usuario avanzado hace la pregunta clave: ¿cuánto cambia mi día a día? Si la respuesta es “no demasiado”, el resultado es simple: el usuario se queda donde está, compra en descuento o migra.
Y cuando la conversación pública se llena de “es bueno, pero no es necesario”, el flagship pierde su ventaja histórica: ser el objeto de deseo.
3) Señales del mercado: incentivos agresivos para fabricar urgencia
Cuando un producto es verdaderamente disruptivo, la demanda se sostiene por sí sola. Cuando el mercado percibe iteración, aparecen palancas de corto plazo:
- Samsung está empujando con fuerza el registro/preventa e intercambios altos para la próxima generación (se ha reportado hasta USD 900 en crédito de intercambio para los nuevos modelos, condicionado a la preventa).
- En paralelo, en algunos mercados se han visto promos tipo “reservá 256 GB y recibí 512 GB”, que es una forma directa de subir percepción de valor sin tocar el precio de lista.
Esto no significa “crisis”. Significa optimización comercial ante una realidad: cuando el “wow” baja, hay que comprar intención de compra con incentivos.
4) El “wow” hoy no es potencia: es fricción cero
La potencia ya no diferencia; casi todos los flagship son rápidos. El “wow” moderno es experiencia completa, y ahí es donde la familia S se ha vuelto conservadora:
- Carga y batería: si se mantiene similar año tras año, el usuario siente estancamiento aunque el teléfono sea excelente.
- Cámara: megapíxeles ya no impresionan; impresiona consistencia (movimiento, piel, HDR, video nocturno).
- Diseño y ergonomía: cambios mínimos se perciben como refresh, no como evolución.
- Ecosistema: la promesa es “sin fricciones”, pero el usuario castiga cualquier detalle que requiera ajustes, accesorios extra o configuraciones.
Incluso en rumores del S26 ya aparece una discusión que es 100% de experiencia: Qi2 con o sin imanes integrados. Si el usuario necesita case especial para lograr lo que espera del estándar, lo vive como fricción y costo oculto.
5) S26: la oportunidad de recuperar diferenciación (sin reinventar todo)
Samsung ya puso el marco: Unpacked 2026 será una nueva etapa de IA “personal y adaptativa”.
Pero si quieren que el S26 se sienta como salto y no como continuidad, la ejecución debe moverse en dos frentes:
A) IA que se note en resultados, no en demos
Menos funciones “para la presentación” y más IA que afecte lo que sí importa: mejor foto nocturna real, mejor video con sujetos en movimiento, mejor autonomía percibida, mejor eficiencia térmica.
B) Un upgrade visible sin lupa
Las filtraciones y expectativas alrededor del S26 Ultra apuntan a mejoras de cámara como una apertura más amplia para ganar luz y rendimiento en baja iluminación. Si eso se traduce en resultados consistentes, es el tipo de mejora que el usuario sí percibe.
Conclusión: Samsung no perdió calidad; perdió narrativa de liderazgo
La familia Galaxy S sigue estando en la cima por acabado, pantalla, potencia y ecosistema. El punto es otro: en dos generaciones, la línea dejó de marcar agenda y pasó a administrar el liderazgo. Eso es rentable, pero erosiona el “wow”.
El 25 de febrero de 2026, con el S26, Samsung tiene una sola tarea estratégica: que el usuario diga “esto sí es nuevo” sin tener que explicárselo con marketing.
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